Sueño infantil y bienestar parental
Sabemos, que para los padres, madres, cuidadores, no hay nada más difícil de gestionar que el sueño, o mejor dicho, que el «mal sueño» de los(as) niños(as), pudiéndose afectar significativamente su bienestar emocional. Al mismo tiempo, el estado emocional de los adultos, puede influir en la calidad del sueño infantil.
¿Cómo afectan los problemas de sueño en el bienestar parental?
Muchas veces por desconocimiento, no sabemos qué hacer. Otras veces, leemos muchísimo al respecto y aún implementando algunos consejos, no valoramos ningún cambio. También puede ser, que decidamos buscar ayuda, pero aún así, seguir las pautas nos cuesta mucho, porque se ponen en juego distintos elementos, especialmente relacionados con la filosofía de crianza que manejamos.
Cuando un niño(a) tiene dificultades para dormir, los padres/madres, suelen experimentar fatiga, irritabilidad y estrés. Las interrupciones frecuentes, pueden aumentar los niveles de ansiedad y preocupación en los padres, especialmente si sienten que no pueden mejorar la situación. El deseo por conseguir mejorar una situación que cada día se agrava más, hace que prevalezca la expectativa de la inmediatez, y allí, solo puede asomarse la desesperación y comenzamos a sobrevivir pero desde un estado de insatisfacción e incomodidad total.
La falta de descanso, se asocia con un mayor riesgo de síntomas depresivos, especialmente en madres, cuando se encuentran en la etapa del posparto (que hoy sabemos también que va más allá de 40 días, incluso hasta los 2 años…). Asimismo, el agotamiento y la irritabilidad, pueden generar tensiones en la pareja y afecta la calidad de las relaciones familiares.
Pero, ¿Cómo afectan las emociones del adulto?
Tenemos que tomar en cuenta que, nuestras propias emociones juegan un papel muy determinante, de la forma en la que vivimos y afrontamos los «problemas de sueño» y los hábitos en general de nuestros hijos(as). Ningún consejo médico, profesional o, incluso de amigos, va a ser efectivo si no hay confianza, credibilidad, compromiso y calma.
El desarrollo y la crianza, son procesos complejos y no-lineales en si mismos, por lo que transitarlos con tranquilidad hará más fácil el camino. Pero, ¡Cuidado! No estoy queriendo decir que no podamos hacer nada al respecto, más que esperar. Lo que quiero transmitiros es que hay que actuar, pero que, las emociones asociadas, matizan toda esa dinámica de acción.
Los bebés y niños son muy sensibles a las emociones de sus padres, y como no saben autogestionarse emocionalmente (no estoy segura de que los adultos lo sepamos), necesitan un referente seguro y consistente que pueda ayudarle. Si ese referente no está regulado, ellos tampoco lo estarán.
Muchos padres y madres en la consulta, me cuentan que sienten cansancio, tristeza, frustración, impotencia, culpa, rabia, desesperación, tensión, estrés… lo cual dificulta que se puedan establecer rutinas consistentes y al mismo tiempo, que el peque se relaje y concilie/mantenga su sueño.
Asimismo, la sobre-reacción y sobreprotección de algunos progenitores con un estilo de personalidad «ansiosa» pueden interferir, de un modo negativo, en la capacidad de los niños(as) para desarrollar patrones de sueño autónomos.
Algunos recursos para equilibrarnos emocionalmente y mejorar el sueño infantil:
- Lo primero es identificar si hay un problema de sueño, el cual se define subjetivamente, como la insatisfacción de alguna de las personas involucradas, sea el propio niño, o la madre, padre, cuidador.
- Aceptar que tener dificultades de sueño, es lo más común en las familias. Pero sobre todo que hay maneras de solucionarlo.
- Detenerme a sentir y ponerle nombre a esas emociones asociadas. «A ver, ¿Cómo me siento?, ¿En qué parte de mi cuerpo? , ¿siento frustración, desesperación, impotencia, ansiedad…? ¿Qué pasa conmigo cuando mi hijo(a) no quiere dormir o se desvela?… vale, lo acepto y quiero mejorarlo…»
- Priorizar el descanso y buscar herramientas en este sentido. Por ejemplo: establecer rutinas consistentes, horarios regulares y rituales apropiados.
- Tener expectativas reales con la decisión que tomo: no es fácil seguir aguantando, pero tampoco lo será cambiarlo. Las dificultades de sueño, suelen solucionarse muy rápido, pero requieren de mucha implicación y equilibrio emocional.
- Mantener claridad y firmeza, en lo que decida hacer para ayudar a mi peque, separando por unos instantes la emoción de la razón.
- Buscar ayuda profesional: psicológica o en el área de medicina del sueño, si es necesario.
- Dejarme acompañar. A veces, la resistencia ante las pautas o consejos profesionales, tanto en los adultos como en el propio niño(a), entorpecen la evolución.
- Buscar herramientas para regularme yo como adulto, y luego poder atender y acompañar a mi peque, desde la calma. Técnicas como la respiración, meditación, diario de pensamientos asociados, apoyo familiar…pueden ayudar mucho.
- Evitar darle una lectura afectiva a los hábitos, en este caso al sueño. Si lo miro y analizo de forma neutral, será mucho más fácil acompañar sin que el/la peque reaccionen desde lo emocional. El cansancio, solo genera emociones poco funcionales: rabia, enfados, peleas, discusiones, frustración y complacencia tóxica.
- Entender que un apego sano, no significa una entrega irremediable y la resignación a dormir mal. ¡Es posible cambiar esa realidad!
- Promover un hábito de sueño saludable, fortaleciendo especialmente, el sueño autónomo.
Los padres y madres sabemos, que lo mejor para nuestros niños(as), no siempre es lo más agradable y divertido. Las emociones intrusivas muchas veces desdibujan los límites y allí nos perdemos todos. Lo que si es cierto es que al intentar dibujar nuevamente esos límites, habrá resistencia y ante ella, reacciones emocionales.
Siempre le apuesto a la conexión emocional con nuestros pequeños(as), para que se sientan seguros y acompañados(as), eso sí, partiendo de la regulación propia. Un enfoque equilibrado, que considere las necesidades de todos, puede mejorar la calidad de vida de la familia.