¿Cómo puedo prevenir las rabietas de mi peque?
Un tema que causa muchísimo interés, al tiempo que desgaste y agobio, en los padres y madres, es la respuesta de nuestros peques cuando cambiamos o proponemos cosas que ellos no desean o que no nos han pedido.
Quién no haya tenido que gestionar una rabieta a partir del año y medio – dos en adelante, que levante la mano. Las rabietas son un hito neurológico, emocional y conductual que aparece ante la dificultad para gestionar la frustración. ¿Ante qué? Ante los cambios inesperados, las demoras, y ciertas reacciones de los demás.
Las rabietas, que en esencia son descargas emocionales, son normales y son necesarias para aprender, para crecer, para madurar. No podremos ahorrárnoslas todas, pero lo que vengo a contarte si que nos permitirá, PREVENIR algunas de ellas, haciéndonos la vida más fácil y más feliz a todos en casa.
LA ANTICIPACIÓN es la clave!!! Porque lo que más genera reacciones en nuestros peque, es la forma arbitraria, o que ellos sienten arbitraria, de introducir cambios o poner límites. Si nosotros, adelantamos esa información en un momento del día donde no sea tan relevante, y cuando estén en calma por supuesto, será más fácil que comprendan y que luego respondan con naturalidad porque ya LO SABEN.
Con estos ejemplos seguro que lo pillas mejor:
- – Si justo en el momento donde ya está en la bañera, va a coger la esponja y tu le dices, “NOOOO dámela y toma esta nueva que te he comprado, esa ya no vale…” ¿Qué crees que ocurriría? Lo más seguro es que se detone y te diga que quiere bañarse con su esponja de siempre, que por qué, que mamá, yo quiero esa, dámela….llanto y llanto, lo que resulta en un baño infernal lleno de gritos, tirones, estrés total!
Entonces, si es necesario cambiar la esponja del baño, porque higiénicamente ya corresponde, la compramos antes, mejor si puede elegir el color, y le contamos que la otra está muy usada, que ya no vale y que pondremos una nueva. Al llegar a casa, podemos incluso hacer el ritual de ir a ponerla y tirar la vieja (en un momento donde no corresponda bañarse). Perfecto! Todos contentos. Si vamos pillados de tiempo y fuese la hora del baño, podemos dejar el cambio para el otro día.
- – Por la mañana, para ir a la guarde o al cole, mamá coge las zapatillas grises y le llama para ponérselas. «Mamá no, no quiero esas, quiero las verdes….» Se tira al suelo, patalea, se las quita…. se las volvemos a poner obligándole, porque claro, no se puede ir descalzo…etc…etc… Todo un calvario el ritual matutino!
Alternativa: cogemos los dos pares de zapatillas y le decimos ¿cuáles te quieres poner? ¿las grises o las verdes? Vale, estupendo, las verdes, venga, póntelas tu. YA ESTÁ! SOLUCIONADO! Te prometo que no se detona.
- – Es la hora de dormir y vamos a leer un cuento. Nos traemos un cuento de la biblioteca para sentarnos, y empieza nuestro peque a decir: “Ese no, quiero otro, no me gusta….” Llanto, se acuesta en el suelo, tira cosas….. (porque ya sabemos que puede tener muchas formas la rabieta….). Nosotros respiramos profundo y, como queremos mantener los límites, le decimos: “cariño es este el que vamos a leer, venga…” lo cual no mejora la situación y todo se vuelve un caos.
Alternativa: tenemos una cajita o cesta con varios cuentos dentro de la habitación y ANTES de coger uno, le pedimos que lo elija. O en su defecto, ir juntos al espacio de los libros, para que lo elija allí.
- – Nuevamente momento matutino: papá le dice al crio: “has desayunado muy bien, venga a cepillarnos……” – «Noooo, cepillarme no, no quiero, quiero jugar…. Quiero coger tal cosa….”.
Alternativa: al despertar todos los días le diremos la seguidilla de acciones que haremos: «Mi amor, ahora nos vestiremos, luego desayunar y una vez que te levantes de la mesa, vamos a cepillarnos los dientes….., para que esté prevenido y no le tome de sorpresa. Así aceptará más fácil el cepillarse, cuando se lo hemos recordado. Seguro pensarás ¿pero si es algo que hacemos a diario? Si, quizá pasen varias cosas: o no se hace en el mismo orden, o está distraído con otra cosa o simplemente no lo recuerda. A veces, depende de la edad, están enfocados en lo suyo y no ponen atención en estas actividades menos interesantes, que, como no las tiene en sus prioridades, le genera frustración tener que hacerlas.
- – Le servimos el puré de broccoli, así, muy verdecito (bonito a nuestros ojos, jajaja), nos sentamos a la mesa y empieza la guerra. Que no quiere, no abre la boca, aleja el plato, llora…. Respiraciones profundas seguidas de “cariño, mira que rico, cómetelo, solo un poco, venga….» Continúa la negativa, nosotros subiendo de tono y diciéndole: “si no comes, no podrás jugar….abre la boca ahora….” Etc, etc, etc…. Que voy a contarte de esto.
Alternativasssssss: aquí hay muchas opciones, todas compatibles entre sí:
- – Preparar el puré juntos.
- – Ponerlo otra verdura y que cambie el color (me anticipo).
- – Como yo también puré verde y todos en la mesa exactamente lo mismo.
- – Preparo el brocoli en otra presentación.
- – Le muestro videos o le cuento (fuera del contexto de comer) sobre lo bueno es el brocoli, sus propiedades….
- – Le comento, antes, lo que hay para cenar. Aunque diga que no, ya se lo hemos dicho desde antes y sabrá que hay. A ver, que también con esta opción puede pasar que se resista a sentarse porque ya sabe que es…. Bueno, no todas las veces podremos prevenir la rabieta y el brocoli hay que seguir ofreciéndolo, Ánimo!
La idea de los ejemplos anteriores, es que los lleves a tus situaciones “problema”, establezcas un análisis similar y puedas darte cuenta de que, la mayoría de las veces, lo que tenemos que hacer es darle una pequeña vuelta a la situación. Que no se trata de ser blandos, de falta de límites, de ceder todo el tiempo a lo que los peques desean, sino de que se sientan seguros.
Ante cualquier cosa nueva que queramos introducir o hacer, hablarles, contarles, explicarles previamente. Cuando encuentran razones lógicas, todo es más sencillo. Y si no hay comprensión, por edad, o porque hay cosas que tienen que ser y ya está, pues al menos avisados están, que no les tome por sorpresa.
La ANTICIPACIÓN, que va de la mano con las RUTINAS, les prepara, les permite que las cosas sean predecibles, y la mayoría de las veces, hasta conseguimos su participación voluntariamente, aunque se trate de algo que no les interese especialmente o que no les guste. Si no hay incertidumbre, no hay frustración.
No puedo decirte que ninguna, pero te prometo que si te anticipas, menos rabietas tendrás.
Nataly Do Nascimento.